Santiago de Chile contacto@minorteeselsur.com +569 9657 0118

Morón y Cayo Coco

Mi viaje continúo a Morón. Conocí a Leo y Marcus, dos brasileños que viven en la Amazonía con los que continúe el viaje. Nos fuimos de Remedios en camiones, máquinas y a dedo de un pueblo a otro hasta llegar a Morón. Nos salió muy barato, porque viajar en esos camiones locales cuesta entre 5 y 20 pesos cubanos, muy muy barato. En Morón conseguimos un cuarto para los tres que estaba muy bien y nos salió 5 dólares a cada uno. Teníamos agua caliente, aire acondicionado e incluso televisor. Hiper fantástico.Llegamos en la tarde, así que ese día no hicimos más que recorrer el pueblo. Me impresionó mucho la cantidad de espacio que uno ve en las calles cubanas. Ya en La Habana yo sentía que las calles no tenían autos, sin embargo acá, el medio de transporte de preferencia es la bicicleta. Es tan lindo ver estas calles hechas para autos en las que transitan mayormente bicitaxis, bicicletas y motos. Uno que otro auto de repente, de vez en cuando, un poquito de humo y ruido. Ahora bien, es importante plantear que esta situación no es por preferencia o pulcritud, ni por pensamiento ecologista o ganas de hacer deporte. Esto es claramente porque ya la bicicleta les sales caro, y un auto es impensable.
La idea de ir a Morón era conocer Cayo Coco, una de las islas pequeñas al norte de Cuba que tiene unas playas alucinantes según dijeron. Sin embargo, al despertar al día siguiente, estaba muy nublado, y decidimos hacer algo más calmado. Así que la idea fue ir a la Laguna de La Leche, al parecer la laguna más grande de la isla. Estuvimos mucho rato esperando la micro, casi una hora y no paso nada. Dio la casualidad de que estos chicos brasileños habían estado ya en Trinidad, y habían conocido a un chico llamado E.C. De la nada, en un coche aparece E.C mientras esperábamos la micro y les grita. Se encontraban de nuevo. Él venía llegando de Trinidad, y vivía en Morón, cosa que los brasileños parecían no haber entendido nunca. Le contamos que queríamos ir a la laguna de la leche. Como el bus no pasaba, el nos consiguió un tío suyo que tenía un coche a caballo que nos podía llevar por 150 pesos cubanos, que son 6 dólares, 3 lucas. En estos pueblos se anda mucho en coche a caballo. Son como taxis colectivos también dentro de los pueblos. Así que nos subimos y nos fuimos en carreta a la Laguna de la Leche. E.C nos acompañó.

La laguna no tenía nada de fantástico aparte de ser una laguna. Una que es oriunda del lago Llanquihue y, por lo mismo, ha perdido un poco la capacidad de asombro, preferí conversar con E.C sobre su realidad y como vivía él en Cuba, lo que opinaba. Claramente con cámara en mano. Es impresionante lo que te dice un cubano cuando la cámara corre y cuando deja de correr. Hablo maravillas de la revolución y de sus ideales revolucionarios y bla bla, bla bla. Todo comenzó a cambiar cuando ya entrábamos en confianza….y mientras más fuimos conversando, menos quería a la revolución. Más tarde le preguntaría por qué, y me respondería que yo podría haber sido alguien de la seguridad del estado, él no podía decir su opinión abiertamente, podría caer preso, o desaparecido. E.C era un personaje. Trabajaba a veces en Trinidad haciéndole clases de salsa a las gringas. Más de una vez había terminado en una comisaría de policía por “Asedio al Extranjero” . Sin embargo un personaje de campo. Su mujer, 15 años menor que él, vivía en la zona rural de Morón, y él vivía con ella, siendo oriundo de Trinidad. El machismo en esta isla es cosa seria. Pero eso ya lo contaré más adelante.
Así que en la Laguna de la Leche conversamos, y poco a poco me fui ganando su confianza para que me contara frente a cámara, sus pensamientos y realidades. Claramente no hay amor por Fidel. Lo más genial era la cantidad de poleras de Estados Unidos con que lo vi vestido esos días. Él cree que deben ser dos naciones hermanas, y ya está aburrido a que se hable de los estadounidenses como el enemigo. No quiere tener enemigos. Nos llevo a un restaurante pequeñito y barato que había por ahí, comimos pescado frito, mariquitas, cerveza y ensalada. Quedamos en vernos a la noche. Él llevaría a su mujer, de 23 años y su hija, además de amigos a un bar.
Fuimos entonces a este bar. D., su mujer, es una chica de campo muy linda, pero muy calmada y sumisa. Conocimos también a su primo, bailarín de salsa que, junto a E.C iban de vez en cuando a Trinidad a hacer dinero con los turistas. La demostración del machismo comenzó con su primo. Ocurre que ya nos habíamos sentado, presentado y estaba todo en orden. Estábamos conversando entre todos. Yo me senté al lado de Marcus, mi amigo brasileño. Ocurre que de pronto al primo de E.C se le olvida mi nombre, y no encuentra nada mejor que preguntárselo a Marcus, en vez de preguntármelo a mi “¿Cómo se llama ella?” como si yo no estuviera, ni existiera, ni escuchara. Le respondí yo: “Me llamo Amanda, pero también puedes preguntármelo a mí”. Él hizo como si nada y seguimos conversando. Al rato, me acerqué y le pregunté por qué no me había preguntado el nombre a mi. “Y es que yo no sé si tu eres novia de él o de él y podría ser una falta de respeto para él”, y yo le respondí “Y bueno, si fuera novia de él o de quién sea, el nombre sigue siendo mío”, “No, pero es que en Cuba no es así.” Machismo al máximo. Y esto era así de exagerado también porque estábamos en un pueblo pequeño en una zona más de campo. Aún así, en La Habana, no hubiera sido muy diferente. Es que en Cuba hay mucho machismo, la mujer es el sexo débil y debe ser protegida. Olvídate de una mujer caminando sola por la calle. Los cubanos se impresionaban que estuviera viajando sola, sin un hombre. Y entonces la mujer se arregla, se pone uñas acrílicas, se arregla el pelo, usa cosas apretadas, tacones gigantescos…. (Estoy hablando de una generalidad, igualmente tuve amigas cubanas que se vestían con jeans y polleras). Porque las mujeres se visten todas iguales y los hombres también. Olvídate de un cubano de pelo largo, ese seguro es pensado como homosexual. Porque acá o son calvos, o pelo corto o al estilo huachiturro. Tampoco los hombres usan aros o piercings. Pienso que la cosa acá esta como entre la generación de mi abuela y la de mi madre. Los hombre siguen siendo de todas maneras los contribuyentes principales de la casa, o al menos eso sienten.
En este bar, también aprendí a bailar salsa. Estos chicos me enseñaron. Y yo hice el intento, con mucha risa, de enseñarles cueca. Un intercambio cultural que no tenía ni pies ni cabeza. Ver a un cubano zapateando es realmente chistoso. El ritmo es caribeño aquí, no criollo.
Y de esta forma me fui adentrando más en la cultura cubana. Aquí sólo se escucha salsa y reaggeton, entonces ahora hay reaggetones mezcla con salsa. Y zas se acabo. En La Habana se encuentra algo más de variedad: Salsa, Jazz, Rock, Pop Cubano, y algo de música electrónica. Pero en estos pueblos, reaggeton y salsa. Y claro boleros, cosas que se escuchan desde los años 20. Es muy chistoso que los cubanos conozcan a Miriam Hernández y piensen que es lo mejor que hay, o la última moda en Chile. Lo otro que se escucha es música gringa: Lady Gaga, Justin Bieber, Jeniffer López, Shakira, Ricky Martin, Adele…Me impresionó saber que nadie conoce a Soda Stereo, pero sí a Britney Spears. Ni siquiera mis amigas cubanas que está mas metida en el medio musical habanero. Nadie conoce a Soda Stereo, el grupo de rock latinoamericano primerizo sin duda. El aislamiento es cosa seria.
Bueno, terminó la noche, pagamos todo nosotros los turistas, y nos fuimos a dormir. Al otro día queríamos ir a Cayo Coco. El turismo en Cuba está muy capitalizado. Nuestra opción para llegar al Cayo era un taxi , que costaba 60 dólares. Empezamos a buscar entonces opciones alternativas. Podíamos despertarnos a las 6 am y tomar el bus de los trabajadores, pasando por debajo de la mesa algo de dinero al conductor. Pero el día anterior nos habíamos acostado tarde, así que no teníamos ganas de levantarnos temprano. Opción b entonces, hacer botella (que aquí es hacer dedo). Tomamos un coche de caballo que nos dejo a la salida del pueblo, en el camino a cayo coco. Y en el país del machismo, entonces dedo a los camioneros con short mostrando pierna. Marcus y Leo me pusieron a mi lógicamente a levantar la mano para ver si paraba alguien. De pronto pasa un camión con un montón de gente atrás. Era como un camión de carga de gente. Todos parados asujetados como podían. Ultra hiper peligroso, porque no tenía ni techo. Si ese camión chocaba obviamente venía la muerte. Pero como en este país con suerte hay autos, no habían muchas posibilidades de choque. La cosa es que el camión nos paro, pero hubo que encaramarse con la ayuda de la gente que estaba arriba. Subir desde la rueda mientras la gente de ya montada en el camión te daba la mano. Logrado. Y arriba entonces, el viento en la cara mientras el camión nos llevaba a todos. Asujétate carmela que la cosa frenaba fuerte cuando tenía que hacerlo, y el mundo tambaleaba. Pero mientras andaba a gran velocidad, yo me sentía en esos videoclips de ferraris donde el viento azota y el pelo vuela por detrás de mi cara, y uno tiene la impresión de sentirse libre y poético y feliz y avanzando y recorriendo. De pronto Leo me pidió que me agarrara el pelo con un collet porque a alguien detrás mío le estaba molestando tener mi pelo en su cara. Fin de la ilusión de película.
El camión nos dejo a mitad de camino. Ahora, a hacer dedo a quién pasara. Suerte para nosotros, nos paró un auto particular, donde estaba este hombre gordo, ultra, ultra gordo de chófer, y su mujer, hermosa y flaca y preciosisíma, de copiloto. El ambiente estaba un poco tenso, así que simplemente agradecimos y nos sentamos. Antes de llegar al Cayo hay un peaje. Hay que pagar 1 dólar por carro. Pero también hay una guardia que te hace parar y te pide hasta el aliento. Nosotros tuvimos que pasar nuestros pasaportes. Ellos sus carneses. Y de pronto le empezaron a pedir más papeles al conductor que no sabíamos qué eran ni entendíamos nada. Bueno, la cosa es que este personaje los tenía. Logramos pasar el peaje, comenzando entonces el terraplén de arena que hizo Fidel Castro para conectar la isla con el Cayo, al ser el agua tan bajita, este tipo de cosas es posible. Le preguntamos entonces a este tipo qué papeles le habían pedido. Ocurría que él era taxista, no iba a la playa de paseo como nosotros pensábamos, si no que iba a buscar unos pasajeros a no sé que hotel. A él, al estar nosotros adentro del carro, le pidieron la licencia para transporte de turistas, dado que en otro caso, el no podría llevar extranjeros, ni que fuéramos sus amigos. Tuvo que justificar también que iba a Cayo Coco a buscar a estos pasajeros, de otros forma no lo hubieran dejado entrar. Nos contó que para entrar como cubano, debes, o tener un permiso del gobierno, o estar reservado en un hotel. El permiso es barato, pero hay que ir a pedirlo. Nos dijo que era todo un lío, no es como que uno se levanta en la mañana y tiene ganas de ir a la playa y va. Hay que tener un permiso, llegar en auto (porque no hay micros para el cayo, exceptuando la de los trabajadores) o estar reservado en un hotel. “Y eso ahora hace un par de años, porque antes no podías reservar en un hotel tampoco”. Así es la cosa en Cuba, el país socialista de la igualdad, donde los mismos cubanos no pueden apreciar sus playas. Y es que Cayo Coco era peor que Varadero. Hotel, hotel, hotel, hotel,hotel, hotel….no hay más. No hay pueblo no hay gente cubana, solo hoteles y turistas. Pero todo eso es para y por el pueblo.
La playa era realmente alucinante, muy muy muy bonita. Aguas cristalinas y cálidas. Nosotros entramos a la playa y caminamos al borde de todos los hoteles. Es más, ahí mismo estaban asando pescados y dando jugos y tragos para los pasajeros de hoteles. Unos trabajadores que conocimos nos dijeron que fuéramos y pidiéramos, nadie nos diría nada. Era cosa de no mostrar mucho las manos, para que no viera que no teníamos la pulserita de estos all inclusive. Así que finalmente nos fuimos hasta cayo coco prácticamente gratis. E incluso comimos pescado. Fuimos turistas a lo cubano, con la decisión de no entrar en el típico circuito turístico de pagar taxis y quedarse en hoteles, y tuvimos mucha suerte.

A %d blogueros les gusta esto: