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Huanchaco y el encuentro cubano

Me fui de Cuenca, Ecuador, a Huanchaco, Perú. No les hablé de Cuenca porque realmente no pasó mucho. Estuve sólo dos noches, y dí vueltas por la ciudad con una chica alemana, Anne, con la cuál después nos fuimos juntas a Perú. Cuenca es muy bonito, muy colonial, muy bien cuidada y rodeada de muchos parques y montañas, donde se practica la pesca de trucha de río andino, entre otras cosas. Anne era una viajera de un año. Había comprado un “All around the world ticket” y ya había estado en Australia, USA, India y el sudeste asiático, según lo que recuerdo. Y ahora estaba 2 meses por Latinoamérica y luego partía para África. Y no hablaba mucho español, asi que me la encontré porque andaba buscando una compañera de viaje, de alguna forma para no viajar sola, de alguna otra para viajar con alguien que hablara español. Así que nos fuimos juntas de Cuenca a Huanchaco, una playa cercana a Trujillo que Jessi, la amiga que me hice en Esmeraldas, me había recomendado mucho. Yo había logrado conseguir el couch para las dos y nos juntamos con él en Trujillo. La verdad es que el viaje fue muy largo. De Cuenca fue una noche y algo más hasta Chiclayo, y luego como 4 horas más hasta Trujillo. Entrando a Perú sentí que estaba en el norte de Chile, todo tan desértico. Es loco que el norte de Chile se parezca al norte de Perú también. Y claramente fue un golpe, después de los hermosos paisajes ecuatorianos, donde quiera que fueras, era todo tan lindo y tan asombroso, que de pronto, el cruzar la frontera y encontrarse con la cantidad de arena y basura, fue feo.

El chico con quién nos encontramos en Trujillo, no era realmente lo que estábamos esperando. En la foto de Couchsurfing salía una persona mucho más joven en la playa, y resultó ser como 20 años más viejo, por lo que nos asustamos cuando nos fue a buscar, un poco, porque no era el que aparecía en la foto. Al final resultó ser un ser buena onda y normal. Pero me pasó sentir que era una persona muy insegura y por eso no ponía su cara en la foto de perfil, y por eso también recibía gente por couchsurfing. Me dí cuenta un poco de eso de esta red social, que muchas veces (no todas, por su puesto) te encontrabas con gente que salía en las fiestas de couchsurfing, o recibía gente, o porque no tenía nada mejor que hacer, o vida social, o amigos, o eran demasiado inseguros de sí mismos y esta página web era una forma de abrirse al mundo. Y bueno, couchsurfing era una solución.
Entonces llegamos a Huanchaco. Éste es un pueblito costero del norte de Perú, muy pequeño, con una playa amena para todos los surfistas que vienen a disfrutar de las olas, y en donde, turísticamente, se ven estas canoas de totora que la gente arrienda para navegar, o que la mismas personas locales utilizan todavía, en algunas ocasiones. Este fue mi último destino costero antes de llegar a Chile, y pensé en emterme al mar, peor luego del caribe y el pacífico ecuatoriano, el agua aquí era ya bastante fría, y tampoco hacía tanto calor como en la costa ecuatoriana. Me decían por ahí que en Máncora, más al norte por donde no pasé, aún el agua era más cálida y el clima más soleado y caluroso. En Huanchaco se notaba que la latitud más alejada del centro del mundo afectaba un poco, porque ya se sentía un tanto este otoño de abril.
Aquí no estuve mucho con Anne, más bien paseé sola y conocí gente un poco por mí misma. Entré a un hostal donde había un bar, y quería tomarme un pisco sour (¡¡¡con toda mi alma!!!), debido a la cantidad de tiempo que llevaba sin tomar uno. Y le pregunté a la persona que estaba ahí, si tenían. Él me dijo que tenía pisco, peor no barman, que si yo sabía prepararlo, lo podía hacer. Así que entré a la barra a hacerme un pisco sour. No podía creer que en Perú, un peruano, no supiera hacer pisco sour, entonces se lo hice saber. Así fue como me contó que él había residido en USA la mayor parte de su vida, y había vuelto recién a Perú hace tres años y había puesto este hostal en Huanchaco. Por eso, aparte de peruano era gringo, o algo así como un peruano-gringo. Entonces la chilena, en Perú, le hizo un pisco sour a un peruano, según receta chilena, pero con pisco peruano, en un hostal peruano, de dueño peruano de miami. Y quedó muy rico. Y también lo compartimos con los chicos que estaban allí, algunos australianos, un cubano, un argentino, una portuguesa….y yo. Y entonces nos pusimos a hablar de Cuba, cosa que ocurre muy a menudo cuando encuentras un cubano fuera de Cuba. Y este cubano no era un cubano normal, porque trabajaba para el estado. Era bastante mayor, y su trabajo era viajar por el mundo…o algo así, porque no pudo decirnos su trabajo real, pero se entendía que había algo de relaciones internacionales. Entonces tenía hijos en distintos lugares del mundo también, uno de esos, La Habana, obviamente. Y entonces los australianos le empiezan a preguntar por Cuba. Y él, hablo cosas buenas de Cuba, que no había delincuencia, que no hay depresión, que mira lo mal que está el mundo, eso no le llega a Cuba, en Cuba la gente es feliz, y bla, bla, bla. Todo esto en inglés, por su puesto. Y entonces yo arremetí, Amanda no puede quedarse callada, y dije que había estado ahí hace unos meses y que realmente no fue eso lo que me pareció, o al menos no en su totalidad. Y bueno, ahí conversamos un poco de política, y la conversación pasó de Cuba a los totalitarismos del mundo, y el comunismo ruso. Luego los australianos se fueron, y entonces yo le pregunté qué opinaba él sobre el bloqueo, si creía que Cuba podría haber sido diferente si no fuera por el bloqueo. Y su respuesta, me llamó mucho la atención: Me dijo que no, que ojalá el bloqueo no saliera nunca, mira como esta Rusia, mira como esta China, mejor que Cuba se quede como está, así estamos bien. Y entonces, nuevamente la poca esperanza que iba quedando de pensar que realmente si no fuera por los gringos, Cuba sería alucinante, se vuelve a ir a la mierda, cuando, un cubano culto, que ha viajado, que conoce otras cosas, opta, él, totalitaristamente, como ente pensante de los otros cubanos que no tienen sus beneficios, de decir que lo mejor para Cuba es que se quede como está. Y bueno, luego de eso me despedí y me fuí a acostar.

Al otro día seguí paseando y conversé con varios hippies que vendían artesanías, principalmente peruanos. Con uno conversamos bastante, hasta lo entrevisté en pos de saber de la política peruana ahora con Ollanta Humala. Y fue muy interesante su apreciación, y lo que pasó en ese instante, cuando de pronto, aparecen 2 camionetas negras gigantescas con militares y armas, en medio de esta pequeña localidad costera. Y entonces él me dice, “mira, ¿ves ahí? esos son políticos que se gastan la plata de todos nosotros, para comprar camionetas blindadaa y armas. ¿Es realmente necesario ese tipo de autos para transportarlos? ¿Esas metralletas? Al final son todos iguales de corruptos”. Y pensé que eso lo había escuchado antes, y que para mi también la política ya era eso mismo, un par de tipos que compraban camionetas blindadas y se creían reyes.
Y me fui de Huanchaco esa noche. Tomamos el bus con Anne para Lima, luego de una micro para Trujillo donde justo, apareció un amigo del chico que nos alojó, que se fue con nosotras hablandome tooooooodo el camino de puras cosas que realmente no quería saber. Que mal agradecida soy, pero bueno, el tipo aburrió un poco, soy sincera. Y luego, estaba tan ensimismado en su charla, que se le olvidó avisarnos donde bajar y entonces, Anne, que estaba más preocupada de eso que yo, dado que el tipo hablaba sólo en español y yo era la única que le entendía, logró preguntarle a unos chicos, que justo nos dicen que nos tenemos que bajar YA. Así que nos bajamos, y estaba oscuro, y Anne estaba asustada, caminando rápido, por más que yo intenté tranquilizarla, de que todo iba a estar bien, que sólo habia que caminar un par de cuadras y ya, pero ella se sentía en una “situación de riesgo” y de alguna manera me culpaba a mi de haberla llevado a esa situación, poruqe era la que hablaba español. Finalmente llegamos al terminal (que más bien parecía sala de espera de un aeropuerto, porque había que pasar los bolsos antes, y te daban el ticketcito, y para embarcar había que pasar por una cosa que te revisaban, etc) y todo se arreglo y nos embarcamos a Lima. En Lima nos separamos. Ella se fue a la casa de un couch que sólo podía alojar a una persona, y a mi me fue a buscar Enrique, otro couch buena onda, y me llevó a buscar hostales porque no podía alojarme. Y al otro día, comenzó el viaje real. Porque al otro día, llegó Julieta.

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