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De Caracas a Coro

Salí de Caracas dejando atrás muchas cosas. Fue entonces cuando descubrí que mi viaje por Latinoamérica empezaba, y que era el primer bus rumbo a Chile. Me fui primero a una ciudad cercana llamada Maracay. La idea era pasar por ahí para conocer un balneario, Choroní, ubicado al frente de Maracay cruzando al cordillera de la costa. Aquí me alojé donde un chico que había trabajado para la red Mercal, el supermercado inventado por el gobierno chavista que tiene productos a precios subsidiados por el Estado, por lo tanto son extremadamente baratos, lo que genera largas colas por parte de la gente para acceder a estos productos de la canasta básica. Este personaje había trabajado tanto dentro de Mercal, como proveedor de Mercal, por lo tanto conocía muy bien como funcionaba. Y a pesar de que él pensaba que había sido bueno, dado que la gente ahora podía acceder a productos que antes le eran demasiado costosos, también me contaba que había muchísima corrupción. Por ejemplo, los proveedores ya estaban asignados, y no se le podía comprar a otro. La idea era beneficiar al mediano y pequeño empresario. Sin embargo, aunque estábamos de acuerdo con esta política, muchas veces ocurría que este mediano empresario no contaba con la demanda de Mercal para cubrir todos los supermercados; o no tenía camiones para poder llevar la mercadería a los barrios; o decidía no llevarla porque le daba miedo que la robaran en el camino…entonces ahí era donde se demoraban los productos en llegar y es donde estaba el desabastecimiento: “No es que los privados acaparen los productos, eso es mentira. Lo que pasa es que como se quiere apoyar a este medianos empresario, el cuál además, está inamovible y no puedo yo como Mercal comprarle a otro, se generan las demoras de los productos o la falta de ellos”. Claramente, también lo que pasaba, era que este mediano empresario se terminaba volviendo rico,siendo de estos beneficiados del sistema chavista. Como ya les conté, estos personajes que antes no tenían nada y ahora son multimillonarios: Boliburgueses.
Fui entonces a Choroní, pero fui por el día. Sábado a la mañana, despertarse a las 7.00 para estar a las 8.00 tomando el bus. Yo pensaba que no habría nadie y sería la única que se despierta tan temprano para ir a la playa…error. La gente en Venezuela tiene la hermosa costumbre de levantarse muy temprano para aprovechar el día que solo dura hasta las 6 de la tarde. Así que cuando ya llegué estaba lleno de gente haciendo fila. Estuvimos hasta las 9.30 antes de que apareciera un bus que nos llevara.

En la espera, conocí a una argentina. Ella también estaba de viaje por Venezuela, para conocer el proceso chavista. Es muy interesante la cantidad de argentinos que conocí que venían con esa misma misión, sin embargo, no en un sentido de crítica, si no más bien de halago, sin mucha opción a duda. Vi varios argentinos también en Caracas para la marcha con la polera de Chávez. Es como que Argentina y Venezuela hicieron un pacto, y han trabajado la política desde el mismo lugar. Obviamente eran kirchneristas además de chavistas. Y es que los argentinos son y serán fanáticos, ya sea para el fútbol como para la política. Y eso calza muy bien con el gobierno chavista. Bueno, ésta argentina que conocí era realmente una muy linda persona, con la cuál aguantamos el bus de ida a Choroní, que tenía el reggaeton más fuerte del planeta (a nivel que con suerte nos escuchábamos y estábamos una al lado de la otra) y el conductor más rápido para llevar una micro entre curvas y las montañas. Realmente no sé cómo sobrevivimos: Entre el reggaeton y la bocina que se tocaba constantemente, antes de una curva para avisar a algún posible auto que viniera en contra, que frenase, porque aqui venía la micro más rápida de la sierra, mientras se veía el precipicio frondoso hacia abajo. Y es que se hacen el viaje 5 o 6 veces al día estos tipos, y asumo que ya se lo conocen. Pasamos la tarde juntas en la playa, conversando de nuestras visiones de Venezuela, claramente muy diferentes, pero de una manera muy constructiva. Lo que sí me dio vergüenza fue que me contara que una vez en Bolivia había conocido unos chilenos que, cuando ella les preguntó el tema de la educación, éstos respondieron “Sí, no sé, la verdad es que no sabemos mucho al respecto. Además para qué luchar por algo que ya es.” Qué vergüenza pensar que mi país viene del 2006, o antes, intentando unirse para luchar por una misma causa y que aparezca gente así. No me quedo otra que responderle: “Siempre hay gente ignorante en todas partes”, lo cuál acordó conmigo. Así pasamos la tarde, en este pequeño pueblo entre las montañas verdes y el mar cálido del caribe.
De Maracay me fuí a Chichiriviche, un pequeño pueblo turístico que está en el parque Morrocoy, y tiene unos cayos alucinantes. Me fui con Luis, desde Valencia en su carro. Fue genial conocer a este loco, porque realmente estaba loco: Lo primero que hizo fue mostrarme un camión que había construido para ir a meterse a la selva en Guyana para poder hacer turismo allá. Me contó que antes hacía turismo aventura extremo en Venezuela, trayendo principalmente daneses, y los llevaba a ver serpientes y caimanes, los cuáles él agarraba.Loco. Tenía una posada en Chichiriviche, donde además vivía.La última vez que había traído daneses y los había alojado en la posada, le habían entrado a robar. Pero no fue un robo tranquilo, si no más bien 4 tipos con metralletas amenazando a los gringos para quitarles las cámaras. Los pobres daneses terminaron con tratamiento psicológico por una semana y se volvieron a Dinamarca, generando que la agencia de turismo le dijera a Luis que ya no querían llevar más gente a Venezuela. “Por eso estoy haciendo este camión y voy a ir a buscar oportunidades a Guyana y Surinam, que son países poco explorados y menos peligrosos.” Yo le seguí preguntando sobre el turismo en Venezuela. “No hay” me dijo, “Lo que hay es lo que estás haciendo tú, turismo barato de mochila, y algo de turismo local los fines de semana que es cuando la posada se llena de venezolanos de las ciudades. Y ya, todo lo demás se murió. Por eso me tengo que ir”.
Chichiriviche fue descanso:sol, playa y en la arena vamo allá…La confianza de Luis en mí fue tal que me dejo una noche sola porque tenia que ir a trabajar a Valencia, así que me quedé mirando películas en un proyector que tenía, luego de haber ido a la playa todo el día. Además, me llevó a mirar un caimán y unos flamencos que estaban por ahí naturalmente, y fuimos a una playa inhóspita, a la cuál no podríamos haber llegado sin auto. Caribe al máximo.
También, en Chichiriviche pude conocer el comportamiento del venezolano. El día sábado por la noche, cuando estaban todos los que venían por el fin de semana de ciudades como Maracay y Valencia, se podían ver a éstos en el malecón, tomando cerveza y escuchando reggaeton. El día viernes había muy poca gente, pero el sábado, repleto. Lo interesante es que se ponían con sus autos y el que ponía el reggaeton más fuerte ganaba, el que tuviera los parlantes más grandes, ganaba; el que tuviera la mejor moto y le diera vueltas más veces y la hiciera sonar más fuerte, ganaba; el que tuviera a la niña más linda montada arriba de esa moto dando vueltas con él, ganaba. O al final no ganaba nadie, pero lo que se veía era una competencia por “quién era el más arrecho”…o el más bakán, en traducción al chileno. Y como en las ciudades eso no se puede hacer, porque llega alguien y te roba la moto, lo venían a hacer a este pueblo más pequeño y seguro. Y es que el venezolano es muy consumista, le gusta gastar y mostrar lo que gasta; muy competidor,y tiene una forma de ser como muy salvaje..no sé si será por ser descendientes de los amazónicos pero se ve este sentido de “demostrarse el más fuerte”, así como es en la selva una necesidad para dominar a animales salvajes. Lo pensé así, y de alguna manera justifique entonces el por qué de la cantidad de violencia del país.
De aquí entonces me fui a Coro. Luis me dejó en una gasolinera, PDVSA, por su puesto. Había un bus allí que iba a Coro, y habían parado a comer. Todos los pasajeros estaban afuera esperando. Pregunté entonces si quedaban asientos. “Pregúntele al chófer, está adentro almorzando”. Entré, y claramente ahí estaban los conductores. Les pregunté si habían asientos,”¿Cuántos son?”. “Una, sólo yo”, le respondí. Y me asintió con la cabeza y siguió comiendo.”¿Y a qué hora sale?”. Me miró y me dijo “Cuando yo terminé de comer, pué. Si quiere se puede sentar y comer con nosotros. O nos espera afuera” Me dijo con cara de viejo verde. Decidí, obviamente, esperar afuera.Y así era. Los pasajeros esperando, el pueblo esperando a que este tipo comiera tranquilo y en paz porque a él, nada lo apuraba. Cuando decidió partir, me cobró el pasaje. Eran 100 bolívares, lo que en ese momento era como 6 dólares. No era caro, para el resto del planeta, pero si pensamos que llenar la micro esa cuesta 15 bolívares y con eso va y viene, era descaradamente un robo. Yo pensé que me estaba cagando por ser extranjera, pero el chico sentado al lado mío me dijo “de Valencia a Coro, sale 110”. No me quedó otra que pagar. Pero me interesa que se fijen que el “pueblo”, o sea, el pobre que no tiene carro, tiene que pagar más caro que el que tiene carro, o moto, para ir de un lado a otro…y el dueño de la micro, chavista seguro, se está haciendo millonario.
Y Coro fue la tranquilidad al máximo. Me quedé en casa de unas señoras mayores muy amables. Aunque la primera noche que llegué casi morí de susto porque me dejaron sola, y de pronto, afuera de la casa escuché como 3 explosiones. Y yo,mal, en estado de desesperación y paranoia después de que me venían diciendo que nada en Venezuela era seguro. Finalmente eran fuegos artificiales, o cohetes, que en este lado del planeta no son ilegales. Nunca me asusté tanto en la vida. Menos mal era un tipo que quería celebrar su cumpleaños y, siguiendo la tradición, tira fuegos y hace ruido.
En Coro paseé por la ciudad, fuí a los médanos, que son estas dunas de arena, el desierto venezolano. Y fui también a Adícora por el día,una playa que queda en la península de Paraguaná. Allí tomé sol sola y medité, hasta que llegó un señor como de 50 años, en un momento que yo decidía caminar. Me dijo que podía ser peligroso, pa’ variar, que si quería él me acompañaba. Y aunque pensé por un momento que, que él me acompañara podría ser más peligroso, decidí aceptar. Después de todo, se veía buena gente. Y así fue. Era albañil, de Coro, pero estaba construyendo su casa ahora en Adícora. Me contó que antes trabajaba como policía. Eso lo encontré muy interesante, y le seguí preguntando. Me contó que era el guardia de un tipo que tenía mucha plata y le habían secuestrado a su hijo. Trabajaba 24 horas seguidas, y luego 24 horas descansaba. Pero yo no entendía si era guardia privado o policía del Estado. “Del Estado”, me dijo. “Lo que pasa es que este señor tiene fincas y terrenos, y le regaló una poco de tierras al Estado chavista, entonces éste le proporcionó seguridad y ayuda para encontrar a su hijo”. Le pregunté si era rico ahora con Chávez o de antes, “De antes de Chávez, pero como le dio algunas tierras, el Estado lo ayudaba”.
El señor terminó siendo muy amable. Me quería presentar a su mujer y a su hija y familia y todo. Hay gente muy linda en Venezuela, no todos son peligrosos, aprendí.
Terminé mi día probando una cosa que le dicen “Rompe-colchón”, “Levanta-palanca”, “Viagra” que, claramente, se supone que es afrodisíaca. Esto vendría siendo un frasco de mariscos al vinagre, como los picles, pero mariscos. Lamentablemente no pude comprobar lo de levanta palanca porque no tengo, pero la cosa era tan ácida que era para terminarla con sal de fruta. Aún así, les dejó el dato…en una de esas funciona.

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