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Copacabana y la Isla del Sol

Tomamos un bus nocturno en Cuzco, con destino a Copacabana. Dormimos como en la mejor de las camas y, a eso de las 7 am. nos despertaron para bajarnos en la mitad de la carretera, porque este bus seguía directo a La Paz, y entonces nos dimos cuenta que debíamos bajarnos. Sin embargo, estaba todo muy organizado, dado que no éramos sólo nosotras las que íbamos a Copacabana. Había una señora a cargo de todos los que nos bajabamos ahí, Y además, un par de vans esperándonos, típicos autos que en Chile se les dice “Pan de Molde “

Ocurre que Copacabana está ubicado en Bolivia, pero muy cercano a la frontera con Perú y Bolivia, la cuál divie el Lago Titicaca, el más grande de Sudamérica. Pero la frontera que debía cruzar el bus para ir a La Paz, era diferente a la que debíamos cruzar nosotras para ir a Copacabana.

La van era una mezcla de turistas y locales, lo que generaba un popurri de colores y etnias maravillosa. Nos dejó a todos en la aduana peruana, que era más bien una casita sencilla, que además estaba cerrada a la hora que llegamos. A los 15 minutos se abrió, y sin apuros ni colas, fuimos las primeras en pasar. Caminamos cuesta arriba para cruzar la frontera, y llegamos entonces a la aduana boliviana, que era otra casita (aún más pequeña y sencilla) donde no me revisaron ni los bolsillos, me timbraron el pasaporte, y listo. Estábamos en Bolivia. Y la señora de la van, que aún nos acompañaba, nos pasó plata para tomar el siguiente pan de molde que nos llevaría a Copacabana.

Se me olvida mencionar a nuestro compañero gringo-indú que conocimos en la subida a Machu Pichu. No puedo recordar su nombre, pero algo así como Gohan, o al menos yo lo asimilé a ese nombre de Dragon Ball. Era estadounidense, pero sus padres eran Indú,. Obviamente Julieta en seguida le puso “Raj” como el chico de la serie gringa “The Big bang Theory”, y por lo mismo su nombre real paso a segundo plano. Estaba viajando también por sudamérica, pero de forma corta. Había ido de Colombia a Bolivia en 2 semanas. A él nos lo encontramos en este bus también. Así que al llegar a Copacabana buscamos con él algun lugar para dormir. Encontramos este hotel maravilloso y baratisimo. Costaba 35 bolivianos por persona (algo así como 5 dólares), y yo con Julieta teniamos una pieza y este chico otra, baño privado, televisión con cable…….casi como el hotel 5 estrellas de Perú. La chica que nos atendió y nos ofreció el lugar habrá tenido entre 19 y 25 años, era gordita y vestía estas faldas típicas de los aymaras. Ya, a esa edad, tenía un bebé colgado a la espalda. Más tarde nos daríamos cuenta que ella era la hija del dueño del hotel, y trabajaban todos juntos.

Y después nos fuimos a conocer, a caminar por este pequeño pueblo en altura, donde se veían las hermosas montañas detrás del enorme lago Titicaca. Y todo este paisaje como altiplánico, con una vegetación muy baja, entre los cerros, a altura, con el aire frío, todo hermoso y puro.

El pueblo es notoriamente turístico. A pesar de estar a principios de Mayo, se pintaba de la mezcla de los turistas blancos y hippies, entre tanto local de rasgos notoriamente indígenas. No sólo rasgos, si no que también las mujeres iban vestidas con estas faldas gigantes y llevaban a sus hijos envueltos en mantas de colores en la espalda. Nos maravillamos con los precios de cada cosa artesanal que se vendía, y decidimos que Bolivia era el lugar ideal para comprar regalos.
Quisimos ir a la Isla del Sol, pero no a quedarnos. Entonces tomamos una lancha que nos llevó y nos trajo. Era realmente corto el paseo. Alcanzamos a subir un poco y caminar lo que nos permitió el aire que domina a más de 3500 mts de altura. Alcanzamos a comprar una par de chacanas de piedra, la mal conocida cruz inca, que vendían las mujeres oriundas del lugar a los turistas. Y alcanzamos a mirar la belleza que recaía en las montañas del horizonte, todas nevadas, que caían en el lago más grande de sudamérica.

Y luego de eso, nos devolvimos en la misma lancha. Y este, hay que decirlo, fue el pasaje más interesante. No por el paisaje, ni el viento en la cara, si no más bien por nuestros acompañantes. Conocimos a un chico mexicano que también venía viajando, y que había conocido a una chica de Estados Unidos, en algún lugar de argentina, y ahora viajaban juntos como pareja. Apareció además un personaje muy particular: Otro gringo-indú que hablaba inglés, español, portugués y quizás otros idiomas más que no logramos escucharlos en esta hora de viaje. El chico era profesor de Open English ( Sí señores, hay gente que trabaja para ellos y no es sólo una publicidad repetida en la tele) y viajaba por el mundo mientras trabajaba en cualquier parte que tuviera internet. Tuvimos entonces una conversación muy interesante con el mexicano, el gringo-indú y la estadounidense. Él indú planteaba que era posible un gobierno mundial a través de la digitalización y el internet. Creía que si los humanos éramos capaces de conectarnos como debíamos vía web, podríamos derrocar los gobiernos mundiales y gobernarnos nosotros mismos a través de esta maravillosa herramienta. Nos contaba que estaba escribiendo una novela al respecto, futurista, que hablaba de un mundo así. Cada uno hablo de sus viajes, de sus historias. La chica gringa fue muy interesante también, dado que ya había conocido gran parte de USA y nos contaba que cada estado es diferente, muy distintos todos unos de otro, haciendo el símil de lo que le parecía sudamérica. Nos contaba que obviamente EE.UU no es lo que cuenta Hollywood, y que le carga ser parte de un lugar que todos detesten alrededor del mundo, y ser estigmatizada por una nacionalidad que no eligió y que debe llevar a cuestas cuando está en lugares como Bolivia, por ejemplo.

Con ellos nos fuimos a comer más tarde, terminamos nuestras conversaciones del mundo, de la vida y de los viajes, y volvimos a nuestro hotel 5 estrellas.

Por la noche, se nos ocurrió que sería una buena idea salir. Sin embargo no teníamos pensado que nos fueran a cerrar el hotel. Es más, a eso de las 11 íbamos saliendo, y el dueño del hotel, estaba cerrando con candado y puertas de fierro. Le dijimos que saldríamos un momento, pero nos dijo que él estaba cerrando y que ya no podríamos volver a entrar. Nos quedamos un poco anonadas. O sea que nos teníamos que acostar a la hora que él quisiera. Le pedimos que por favor nos esperara hasta las 12, dado que no sabíamos donde estaba nuestro amigo gringo-hindú a ver si lo podíamos encontrar en el pueblo. Nos dimos un par de vueltas, fuimos a internet y terminamos por volver al hotel antes de las 12 con el miedo que el señor no nos abriera. Finalmente Raj había llegado mientras los buscabamos. La verdad es que me molestó mucho sentirme obligada a una situación así, y me daba rabia que si, no hubieramos salido justo a esa hora, o, en cambio, no hubieramos vuelto hasta pasada las 12, era muy posible que no nos hubieran abierto, y nadie nos advirtió de esta regla al momento de pagar.

Estos personajes llamados aymaras tienen sus maneras y costumbres, y la verdad es que no les interesa mucho ser serviciales con nadie ni cambiar su forma de trabajar por abrirse a los turistas que llegan. Y el hombre no se viste de aymara ni con nada particular. Más bien usa la misma ropa que cualquier hombre normal: pantalones grises, camisa blanca, chalequito sin mangas. Y durante el día a las que se les veía trabajando era a su mujer y su hija, no a él. Hasta ahora solo entraba a mirar una parte de lo que eran las costumbres aymaras. Ya más tarde podría sacar una pequeña conclusión.

Dormimos muy bien y al otro día nos levantamos temprano para irnos a Nuestra Señora de La Paz, la capital boliviana. Me hubiera gustado quedarme un día más y conocer a cabalidad la Isla del Sol. Me hubiera gustado estar en verano, para poder apreciar el calor de la montaña y bañarme en el Titicaca. Pero era Mayo, no me quedaba plata, y el destino final estaba cada momento más cerca. Chile, estaba sólo a un paso.

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