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Año nuevo en Santiago de Cuba

Ese día era 31 de Diciembre. Pasé año nuevo en casa de I. Ellos compraron un cerdo, arroz congrí (arroz con frijoles negros) yucas e hicieron ensalada. Yo puse algo de dinero para aportar, porque ellos ya lo tenían planeado y como que me invitaron al asunto. Pero era genial que la comida de año nuevo es lo mismo que come toda la gente. Todos estaban asando un cerdo en todas partes. Veías gente incluso en la misma calle despellejando al cerdo para comérselo en la noche de año nuevo. Y lo genial es que es la misma comida que se come de forma normal y diaria. La simpleza es una virtud de los cubanos.Antes de comer, fui con el hijo de I. a comprar cerveza a una tienda en divisas. Eran ya como las 10.30 p.m. estaba abierto. Yo le pregunté a los que nos atendieron si ellos no iban a celebrar acaso e sus casas. Nos dijeron que no, les tocaba trabajar. Supuse entonces, que se les pagaba más por ser día festivo. Les pregunté también. Se rieron. “No, no, no, el sueldo sigue siendo el mismo. Ni siquiera un estímulo”.
Comimos, pero no comimos todos juntos Unos primeros, otros después, la novia del hijo de I. no comió…como que no era gran ritual esto de la comida de año nuevo. Sin embargo, ellos tienen una tradición interesante, así como la de nosotros de ponernos calzones amarillos y comer lentejas y uvas. I. y su marido tomaron una maletita de ruedas y se fueron a dar la vuelta a la manzana y luego volvieron a la casa. “Tengo amigas que les ha resultado”, me dice ” Después de hacer eso en fin de año, ese año se han ido. Así que para que este año sea el nuestro”….me quedé sin palabras. Lo chistoso es que no solo salieron ellos a la calle a hacer eso de la maletita, si no que varios más del barrio hicieron lo mismo.
Ellos se quedaron celebrando con amigos y yo me fuí a dar una vuelta al centro, donde había quedado de juntarme con un amigo rastafari que había conocido esa tarde. Él me llevó esa tarde previa a fin de año, a cayo Granma y cayo caracoles, dos pequeños islotes muy parecidos a isla Tenglo en Puerto Montt, que están en el mar al lado del Morro de Santiago de Cuba. El ciclón allí arrasó con todo. Realmente contar acá lo que vi en ese lugar puede dar para mucho rato. Sin embargo, el registro existe. Principalmente lo interesante es la esperanza de la gente, la justificación constante que ellos mismos le dan al gobierno para que, aún luego de 2 meses, su casa siga en las ruinas. También es interesante plantear que la misma gente, en muchos casos, sin la idea de esperar a que llegara ayuda, se tiró al mar a buscar las maderas que habían sido de su casa antes del ciclón. Las habían secado, y habían vuelto a armar la casa. Para la hora que habían llegado algunos materiales, ya su casa estaba lista. Porque la ayuda de estos países sí llegó para los cayos. Les dieron materiales: 30 tejas de zinc, 1 bolsa de cemento, como 2 kg de clavos y parece que algunos ladrillos. Esto les costó 12.50 CUP, pesos cubanos, algo así como 250 pesos chilenos, o medio dólar. Muy barato. A otros, que no les llego esos materiales, les llegó ayuda de los otros países, como unas colchonetas de trapo de Japón, unas palanganas de fierro o algunas mudas de aseo personal como champú y jabón. Acá sin embargo la ayuda llegó, dado que en Santiago de Cuba, como estuve preguntando y la gente me respondía, las tejas se iban a cobrar. Primero querían vender las tejas a 110 pesos cubanos, 4 dólares. Luego, debido a que en un pequeño pueblo llamado Palmar la gente alegó, lo bajaron a la mitad, 55 pesos cubanos, 2 dólares. El plan funcionaría a forma de crédito. Eventualmente el estado les haría llegar los materiales que este estimara necesario, y luego se los cobraría descontándoselo de su sueldo mensual,hasta que esto se terminara de pagar. Yo iba con W. este rastafari de que les hablaba. Él había ido ya hace 3 semanas y me había contado la situación. Hoy, me dijo, esta mejor, pero nos damos cuenta que está mejor por la misma ocupación de la gente. Es importante resaltar que el grupo de materiales que se les dio a alguna gente en los cayos vendidos a 12,50 CUP, en el caso de que quisieran más tejas o lo que fuera, debían pagarse a 55 pesos cubanos como la gente de Santiago de Cuba y el resto de los afectados de la isla. Al parecer, según entendí, en el caso de las personas que habían tenido pérdida total del hogar, podían ser trasladados a unos albergues, hasta que se le hiciera una casa en otro lugar, dado que ese lugar seguía siendo peligroso para otros posibles ciclones. Por otra parte, solo existía la ayuda en cuánto a materiales, dado que la mano de obra no se daba. Hubo un hombre de la tercera edad que entrevistamos y que no podía volver a construir o arreglarse su casa por sí mismo, así que también le había pagado a un amigo o vecino para que lo ayudara a volver a poner las tejas dadas por el estado. Ellos mismos debían hacerlo.
Año nuevo como tal estuvo muy lindo. En la plaza se hizo una cosa artística con teatro, canto, bailes, y luego de las 12, se habla del triunfo de la revolución que se celebra el 1 de Enero, donde Santiago de Cuba es un punto muy importante e histórico en esa fecha. Luego se hace fiesta, y los únicos puestos alrededor de la plaza son del estado, que venden cervezas, cigarros y licores varios en CUC, divisa, dólares. Diferente a los de remedios, donde era la misma gente que vendía cerveza barata, o pan con lechón. Gran cantidad de turistas, para variar, que son parte de la socialité cubana. Yo paseé con mi amigo rastafari conversando sobre los cayos. Conocí a más amigos rastafaris. Es que a diferencia de La Habana, Santiago tiene una gran influencia jamaicana, debido a la cercanía con ese país. De hecho, uno de estos rastas era mitad cubano, mitad jamaicano. Por lo mismo, Santiago es más caribeño que La Habana. Acá hay más salsa, más Son cubano, más rastafaris y más marihuana. No tuve nada que alegar al respcto, y pase un año nuevo muy lindo en esta ciudad de cerros y rastafaris.

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